Inmigrantes
24 10 2007
Me gusta verlos, qué porras, me encanta verlos por las mañanas en las puertas del colegio, con sus caritas de dormidos, con sus carteras, niños de muchos colores, con sus papás, a la puerta del colegio, charlando, riendo, jugando, que es lo que tienen que hacer los niños.
Me gusta verlos en las paradas del bus, del cercanías, me gusta verlos en el ascensor, saludarnos, mirarnos a la cara, me gusta que me cuenten cosas de su tierra, comparar costumbres, vocabulario, argot, divertirnos con los equívocos que producen los malentendidos, con lo que aquí significa una cosa y allí otra.
No son diferentes, son distintos, son iguales. No más diferentes que uno de Alcorcón y uno de Hospitalet, o uno de Vallecas y uno de Lasarte. Diferencias de educación, de familia, de situaciones.
Los hay buenos y malos, como los de aquí.
Conozco a pocos inmigrantes, por desgracia para mi, tienen timidez, pudor, tienen miedo de no gustar, tienen miedo de que no les aceptemos por ser como son, y eso es tremendo, tienen que vivir una doble vida, la de afuera, para gustar, y la de dentro, intentar ser como son sin salir demasiado perjudicados, sin perder su esencia y sus tradiciones.
Conozco a pocos inmigrantes, pero tengo la gran suerte de que los que conozco son mucho más educados, mucho más respetuosos, mucho más razonables y mucho más tolerantes y abiertos que muchos de aquí que tengo que soportar todos los días. La mayoría son sudamericanos, con una educación como la que no hace mucho, practicábamos todos por la calle, hoy casi suena trasnochada, pero es un puro placer el respeto que demuestran, y el agradecimiento, rayando en lo servil, a veces, por culpa del miedo, se juegan el comer, amigo, por tonterías como ser de otro color, o hablar otro idioma, o ser de fuera. Injusto, tremendo, sí.
Casi todos los que conozco tienen estudios superiores, mucho más superiores que esos niñatos desmotivados y sin valores, que hemos criado en España en ests últimos años, y para los que supuestamente representan la amenaza de “quitarles” el trabajo (qué trabajo¡?).
Muchos de los niños españoles que conozco pssi psssno, no saben psssé, a qué se van a dedicar, cómo se van a ganar la vida, por aquí las niñas que no sueñan con casarse y tener hijos, piensan en ser “topss mode”, o en su defecto, peluquera, esteticista, o empleada der Szara o er Mango, y los niños, en tener coche, móviss, y el pelito de punta, con mechas, como Guti, estudiando? ah, no, hace mucho que abandonaron el insti, sin terminar el bachillerato, y los padres desesperados, los apuntan en cursillos de formación, donde los pobres docentes intentan con mayor o menor dolor, tenerlos sujetos, que aprendan algo de provecho, y educarlos o mejor dicho, descerrilarlos e inculcarles algún valor, si eso fuera posible, entre mensajitos sms o politonos absurdos.
La verdad, si yo tuviera todos los días 30 o 40 euros en el bolso, pa “fardar” sin currar, coche, seguro, móviss, y dinero pa mechas de colorines, a lo mejor era así de imbécil, pero tengo la suerte de que no me pasa eso, la gran suerte, añadiría.
Los inmigrantes que llegaron antes, en su mayoría, ya han montado negocios, pequeñas empresas, sus hijos están estudiando y preparándose, y les digo a esos españoles tan soberbios y fanáticos, que a ver si mañana sus hijos son merecedores de entrar de currantes en la empresa de un inmigrante, emprendedor y arriesgado. La soberbia se paga, amigos, muy cara. Además, que por méritos, se lo curran mucho más, seamos realistas, y vienen sin mucho que perder, porque si no, no vendrían aquí a ser carne de cañón y a que se les humille, por tanto, tienen todo que ganar, y lo están haciendo, amén de aportar a la cotización a la Seguridad Social y a esas pensiones de jubilación que se dice que nos garantizan para el futuro.
Por no hablar del enriquecimiento cultural, la apertura que nos proporciona el intercambio de culturas, de puntos de vista, de costumbres, de historia, a todos los niveles, y la gran preparación que, en muchos casos, aportan.
Todo esto enlaza, como estais deduciendo, avezados lectores, con el energúmeno de las imágenes que estamos viendo ya, hasta el vómito, porque vómito da ver ese comportamiento tan absolutamente brutal y primitivo, y con las veces que lo están poniendo, que pasa como todo últimamente, que se pasan en exhibiciones, y no hay necesidad de repetirlo mil veces, sino más, o mejor, sería buscarle remedio y reacción social. Porque lo que más me pone los pelos de punta, es que nadie, nadie, se mueve un pelo para ayudar a la pobre muchacha, y mañana puede ser tu hija, por llevar trenzas, o tu hijo por ser rapero, o tu, por quedarte mirando, que ya ha pasado.
Y enlazando también con el sucedido del señor negro (pediatra, por más señas), al cual le pidieron el billete, y el resto de pasajeros se amotinó, ofreciendo también su billete para que el revisor procediera.
Dos historias con inmigrantes de por medio, una, brutal, otra, hermosa, si el antropoide violento, hace avergonzarse de compartir especie con él, los pasajeros del vehículo que se amotinan ante un presunto tema “racista”, me hacen enorgullecerme, y ganan por goleada, y es cierto, es mucho más frecuente observar conductas tolerantes y amables que las de rechazo.
Afortunadamente.
Tags : educación, inmigrantes, racismo, violencia
Categorías : El lado más bestia de la vida, Hay que joderse






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