Cada año me sorprendo, y no se por qué, a estas alturas de la película:
Antonio Algora recordó que a los católicos les sigue gustando “casarse, bautizarse”, entre otras celebraciones.
(noticia 20minutos )
(Hace poco las mismas fuentes ecuménicas, defendiendo su monopolio del derecho de pernada, esgrimían que el catolicismo arrasa, que hay millones de devotos todos los domingos en misa y que las nuevas fes jóvenes aumentan y tal y tal… )
Ahí coincido con Ton Señor, nuestra hipocresía a la hora de las celebraciones lleva a estas confusiones, a la gente le mola mucho el carnaval y no controlan, luego vienen estos lodos. Si la Iglesia católica fuera más coherente, impediría que la gente usara y abusara del visado a la horterada y el mal gusto que suelen ser los ritos religiosos católicos últimamente, y exigiría algo más de respeto y profundidad en las “creencias”, aún me pregunto qué morbo ve la gente a festejar nada en escenarios tan tétricos, pero para gustos están los colores. Lo que está claro, es que gustos a parte, la gente pasa por ahí porque queda bonito, supongo, pero que luego, ná de ná.
También me sorprende que las demás religiones representativas de creencias de los ciudadanos no pueden acceder al sustancioso bote. Y vuelven los gritos y las algaradas cuando se cuestiona compartir óbolos con la competencia, que ya amenaza su monopolio.
El caso es que el chollo se termina, y con las raquíticas cifras reales de lo que los católicos aportan no hay bastante para mantener palacios y oropeles, y a lo mejor, sus señorías tendrán que empezar a practicar los mandatos de su Señor, andar descalzos y vivir de la caridad, además de la paz, tolerancia y ejemplo de pobreza, castidad y obediencia.
Falta de información? si, de sus cuentas, de lo que les pasa a los corruptos, a los mentirosos, a los que roban, a los pederastas, por lo demás, sobra información.
En estos días de campañas ecuménicas-económicas, es cuando más me acuerdo de mis amigos homosexuales, de las madres solteras, de los enfermos de sida, de los niños muertos de hambre, de los niños de la guerra, de las abortistas, para unirme a ellos enviando al Obispado, con un precioso lazo, un inmenso corte de mangas.
Por caridad, que trabajen.




Qué cosas me dicen